La derrota de la Armada Inglesa en Cartagena de Indias en el siglo XVIII es un acontecimiento silenciado por la historia inglesa y tristemente desconocido para la gran mayoría de españoles.
En Octubre de 1739 Inglaterra declara a España la guerra y planea tomar la ciudad donde confluyen las riquezas de las colonias españolas, Cartagena de Indias (Colombia), dominar el comercio en el Caribe, su objetivo era acosar las colonias del Pacifico Sur, para así aniquilar el imperio español en las Américas.
El limitado contingente español, estaba dirigido por hombres recios y dispuestos a defenderse hasta morir: el Virrey Sebastián de Eslava, Teniente General de los Reales Ejércitos con larga experiencia militar, y sobre todo aun que bajo mando de este ultimo, el mítico General de la Armada D. Blas de Lezo, legendario lobo de mar quien ya había participado en 22 batallas y expediciones navales, perdiendo en ellas una pierna, el ojo izquierdo y con la mano derecha lisiada.

La escuadra Inglesa cañonea incesantemente día y noche, durante 16 largos días el castillo de San Luis de Bocachica. Llegan a dispararse hasta 62 proyectiles por hora. El castillo, solamente está defendido por 500 hombres al mando de Coronel Des Naux. Blas de Lezo prepara la defensa del puerto, colocando cuatro de sus navíos, el Galicia, el San Felipe, el San Carlos y el África del lado interior de la bahía y en las proximidades del Castillo para apoyarlo con sus cañones. Aunque la defensa de Bocachica fue heroica con Lezo y Des Naux peleando en primera fila, los defensores han de retroceder y replegarse ante la abrumadora superioridad enemiga.
Para dificultar el avance enemigo, Lezo hace barrenar e incendiar sus buques, obstruyendo el canal navegable de Bocachica, algo que consigue parcialmente ya que el Galicia no se hunde a tiempo. A pesar de todo, se consigue retrasar el avance inglés de forma considerable.
Las tropas españolas, optan por replegarse totalmente a la Fortaleza de San Felipe, la resistencia en el Castillo de Bocagrande es del todo inútil.
Contra su voluntad Lezo, y a pesar de que trató de impedirlo a toda costa (tuvo que acatar la orden por disciplina), se toma la decisión de hundir los dos únicos navíos que quedaban, el Dragón y el Conquistador, con ello se pretende impedir la navegación por el canal de Bocagrande.
Pero al igual que en Bocachica, la medida resultó del todo inútil pues los ingleses consiguieron restablecer el paso y desembarcaron en las islas de Manga y Gracia, dejando a un lado el Fuerte de Manzanillo. Con lo que un regimiento de colonos norteamericanos al mando de Lawrence Washington, tomaron la colina próxima ya a San Felipe y que había sido abandonada por los españoles. Vernon entró triunfante en la bahía, con su buque Almirante, dando la batalla por ganada despachó un correo a Jamaica e Inglaterra, con la supuesta buena nueva. Se inicia después el desembarco masivo de artillería e infantería. Consolidado el desembarco y las posiciones de tierra, la artillería británica reinicia un intenso cañoneo contra las posiciones españolas, especialmente contra el Castillo de San Felipe. Desde mar y tierra, llueven los proyectiles con el fin de ablandar la resistencia española.
La noche del 19 al 20 de abril se libra la batalla crucial y decisiva, los atacantes al mando del General Woork avanzan en tres columnas de granaderos y varías compañías de soldados, en vanguardia los esclavos macheteros jamaicanos, que se encargan de abrir el paso al grueso del ejército británico. Su avance es lento, la encarnizada resistencia española desde las trincheras y lo alto de la fortaleza es feroz, la artillería británica no consigue ablandar el espíritu de resistencia de los defensores.
Con las primeras luces del día, se abre el portón de la fortaleza, los españoles salen heroicamente de sus posiciones de defensa, cargando bayoneta calada contra los ingleses. No solamente se rompe en cerco, sino que el inicial asombro entre las filas del ejército ingles, se transforma en pavor, provocando una desordenada desbandada general, que les ocasiona la perdida de cientos de hombres y todos sus pertrechos. Los británicos son barridos del sitio, y el supuesto asalto a la posición española se convierte en un abrumador fracaso.
Replegados y a salvo en sus navíos de guerra, los ingleses desde la distancia, continuarían bombardeando el lugar durante 30 días más, aun que ya sin un objetivo concreto. Pero fue entonces cuando apareció el cólera y el escorbuto provocando decenas de muertos, la situación se vuelve aun mas complicada para los ingleses. Vernon, altivo y malhumorado, hecha la culpa del fracaso de la invasión General Wentworth (Jefe Supremo de las tropas de desembarco), las desavenencias entre ambos llegan a un punto insostenible.
El alto Mando inglés opta finalmente por la retirada, aun que no cesarían de cañonear la ciudad hasta que el último navío abandonase la bahía. Los últimos navíos parten el 20 de Mayo, pero los ingleses han de incendiar cinco de ellos por no disponer de tripulación suficiente, cada barco parece un hospital.
Semanas después Lezo malherido y extenuado por la batalla, se hunde en las tinieblas del olvido. Sus últimos momentos se enmarcan dentro de la ingratitud y la soledad de un camastro en algún hospital de Cartagena. Una vez mas un autentico héroe Español, no recibe el reconocimiento y tributo merecido. Su cuerpo cercenado se deposita sin honores y se ignora donde esta enterrado.






















